El “por qué” de Dianne


El pasado mes de mayo tuve la oportunidad de conocer a Dianne Hofner siempre sonriente y con sus ojos azules que irradian simpatía por doquier. Me atrevería a afirmar que todos los departimos con ella en algún momento, tuvimos algo que aprender. El objetivo principal de su primera visita a este país tropical, era el de compartir su conocimientos y experiencias en un tema que aquí vagamente se comenta.  Ella llegó con su lupa, a abrir el ojo y abrirnos los ojos, a hablar de temas interculturales y generar esa sensibilización tan necesaria para que nos preparemos y seamos exitosos en un mundo globalizado que no da marcha atrás.

Como era de esperarse, por lo menos para mí, al aterrizar encontró un sentir común que al unísono le pedía esas fórmulas y recomendaciones que nos ayudaran a cambiar y ser un poco menos colombianos. Es parte de lo que somos, si el término se pudiera extrapolar de campañas de mercadeo, vivimos tratando de emular otras culturas que podríamos denominar aspiracionales.

Tal vez sean rezagos de una historia colonialista de varios siglos atrás, y de los acontecimientos de la historia reciente que por tantos factores socio-políticos nos mantuvieron al margen del escenario internacional. Vivimos por un tiempo cuasi encapsulados. Nadie venía por los motivos que menos nos enorgullecen, y pocos podían salir por restricciones en las fronteras y la misma economía que dejaba en manos de unos cuantos esta posibilidad. Lo triste es que ahora que, para bien de tanta gente emprendedora de esta tierra pujante, nos abrimos al mundo no sabemos cómo integrarnos. A pesar de ser heterogéneos y diversos, podría afirmar que somos mono-culturales, lo que representa que carecemos como sociedad de esas competencias que nos permiten ser realmente globales desde el punto de vista cultural.

De la visita de Dianne yo aprendí algo más. Me ofrecí de voluntaria para ser su guía en La Candelaria, con la certeza casi meridiana de conocer los detalles que podrían ser interesantes a lo largo del recorrido entre el Museo del Oro y la Plaza de Bolívar, lo que los bogotanos llamamos coloquialmente darse un “Septimazo” pues se recorre de norte a sur unas cuantas calles, la Carrera Séptima en el centro de la ciudad.

La Candelaria es una zona pintoresca de marcada herencia española, con casas de bahareque, patios centrales y balcones de madera. Está rodeada de montañas muy verdes que pertenecen a la cordillera oriental y que forma parte de los Andes que se derivan hacia Venezuela. Alberga nuestra plaza central llamada Plaza de Bolívar, lugares emblemáticos como el Museo Botero, Museo del Oro y otros tantos que hacen latente el rastro de nuestra historia como herencia viva de nuestra vida cotidiana. Desde la Plaza de Bolívar se divisa el Museo del 20 de julio, allí mismo donde se gestó nuestro primer grito independentista el 20 de julio de 1810.

Nuestro recorrido comenzó bien y entramos a unas galerías artesanales que reflejan la diversidad de nuestro país. Tenemos cinco países en uno demarcados por el relieve. Diferentes en clima, costumbres, comidas y, expresiones artísticas y culturales. Hasta ahí me iba bien, pude hablar sin problema de culturas precolombinas como Calimas o Taironas, hablar de Muiscas y Chibchas. Tomamos luego la Séptima, y pasamos por plazas, edificios, vimos artistas callejeros y finalmente arribamos a la Plaza de Bolívar, el corazón de Bogotá a 2630 metros más cerca de las estrellas. Pude contarle de los edificios de gobierno, de la Catedral Primada, y de la habitual visita de las palomas que llegan a comer. Iba bien con fechas y personajes de nuestra historia…pero cuando llegamos a uno de los museos mi cara cambió.

Le dije a Dianne: esta es la casa de Manuelita Sáenz eterna enamorada de Simón Bolívar. Ella era quiteña pero nunca se casaron, proseguí, a lo que Dianne contestó: ¿y por qué? Ahí todo cambió en este recorrido… no sé cuantas veces he caminado La Candelaria en mi vida y nadie hasta ese día me había preguntado un “por qué”. Ninguno de nuestros demás acompañantes tuvo tampoco respuesta.

Pregunta básica y esencial para comprender las cosas. El qué simplemente nos describe los hechos, lo que vemos y el por qué nos descubre la causa. El por qué y el qué se relacionan como la causa y el efecto. Entender su relación es una de las claves para entender lo que nos es diferente, ya sea un idioma, comportamiento, costumbres, creencias y/o valores. Un “por qué” en el momento preciso permite que se generen puentes de entendimiento y también puede ser la puerta mágica que nos permita traspasar la barrera de la “mono-culturalidad” al hacernos visible aquello que no es evidente.

Volvamos a Manuelita. Ese día sólo me dije, tengo que volver a leer porque me enseñaron tanto de Simón Bolívar que la vida de Manuelita fue únicamente un episodio de aquellos con toques novelescos que también se ven en las clases de historia patria. Ese día como hace muchos años no lo hacía, me senté a leer la biografía detallada de Manuela Sáenz. Esta vez con la comodidad de la tecnología a un clic de distancia pude recorrer su vida, sus esfuerzos y el gran amor prodigado a Simón Bolívar el cual la convirtió en una pieza estratégica de la campaña libertadora. También aprendí que Manuelita y Bolívar no se casaron porque ella era casada cuando lo conoció y dejó su esposo por irse tras el Libertador. Por su parte él se había casado muy joven en España y enviudó al poco tiempo, por lo que prometió nunca más volverse a casar. Así supe se juntaron él viudo y ella casada y ¡por fin tuve una respuesta para Dianne!

Ese día también entendí esa etapa del “por qué” en los niños cuando al crecer exploran el mundo y quieren simplemente entender. Los niños tan auténticos y genuinos, con una mezcla maravillosa de inocencia y absoluta falta de timidez, que siempre preguntan y sus por qué los llevan a los qué y de los qué, van formando ideas, conceptos, valores y creencias.

Sería tan simple entonces volvernos niños y como Dianne preguntar ¿por qué? cada vez que sea necesario.

Entonces ¿por qué será nos cuesta tanto hacerlo?

Me tocó la buena suerte de conocer a Maryori Vivas en mayo de este año — una mujer inteligente, interesada en promover la gestión intercultural, además hermosa y de gran corazón. Un día espectacular ella me dió un tour increíble por el centro histórico de Bogotá, lleno de aprendizaje y risa. Desde entonces, ella me ha animado a escribir en español. Le agradezco de corazón por su ayuda, su tiempo, y su amistad. Ella confía en mí, y eso me impulsa a tratar aún más.

Como Bogotá y yo cumplimos años el mismo día — 6 agosto — Maryori me regaló este artículo. Me da muchísimo gusto poder compartir con ustedes aquí un blog escrito en español, con un mensaje tan sabio y palabras tan llenas de poesía. Espero que les guste.

2 thoughts on “El “por qué” de Dianne

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