Un Gringo Chévere! A Cool Gringo!


(English follows the Spanish)

Con el permiso de nuestros lectores gringos, este espacio se lo quiero dedicar a uno en especial. Quiero hablar de un gringo chévere con el que he tenido oportunidad de trabajar para un proyecto de inversión en Colombia. Y quiero resaltar más lo chévere que lo gringo, que dicho sea de paso él no considera ofensivo desde ningún punto de vista.

En mi país un gringo es un forastero que habla enredado. No importa si habla sueco, alemán, italiano, inglés u holandés. Un rubio (o castaño claro) de tez más clara que nuestro promedio, es gringo. Y no lo hacemos por ofender, sino tal vez porque eso quedó en el imaginario colectivo como un sinónimo de “no es de aquí”.

Este gringo chévere vivió veintiún años fuera de su país entre Suráfrica, Bahreim, Francia, Reino Unido y China. Ha dado la vuelta al mundo más de seis veces y, aunque siempre vinculado al sector financiero, ha podido trabajar en diferentes industrias que le dan un vasto conocimiento en muchos temas. Departir con él es sumamente enriquecedor.

Trabajar con este gringo es desafiante. Le admiro sus habilidades y conocimientos en el área financiera, pero él sabe que lo que más admiro es su gran capacidad de entender a los otros, de buscar similitudes y no diferencias, de centrarse en el modo de integrar las partes que se involucran en una negociación y de ver con ojos interculturales su entorno. Es un gran conciliador y excelente negociador. Además posee una gran habilidad para poner en contexto cultural las partes involucradas, casi siempre logra identificar la manera como piensa el otro.

Yo siempre le he dicho, que de lejos me parece el más intercultural de los estadounidenses con los que he trabajado. Tiene una mente global y una carrera profesional que le ha permitido desde cargos directivos confirmar que herramientas gerenciales sin aprehensión cultural no permiten un liderazgo efectivo. La satisfacción de los clientes o la motivación de los empleados se ven impactados directamente por sus expectativas y necesidades, y todos no necesitamos lo mismo.  Cuando comparte muchas de sus experiencias puedo transportarme a muchos escenarios en diferentes latitudes, y logra describir personas y entornos tan diversos sin caer en estereotipos ni prejuicios. Por supuesto que hay situaciones que agradan más que otras, pero es parte de nuestra interacción con cada entorno. Algunos sencillamente nos son más favorables.

Se ganó el título de chévere porque siempre está dispuesto a aprender, no critica sino pregunta, analiza y compara. Este gringo le da la importancia debida al entendimiento de un lugar, una cultura, un pueblo.  Es el que una vez cerrando un negocio en Medio Oriente tuvo que comer ojos de camello y aquí prueba las obleas, las almojábanas y queda encantado con las pitahayas, tanto que llega a buscarlas en su ciudad de residencia, las encuentra en el mercado chino, descubre que su sabor es muy diferente al colombiano y decide ¡comerlas con sal! Jamás he comido pitahaya con sal, aquí son muy dulces…pero esa es la interculturalidad, este gringo es del sur y dice allí comen con sal la sandía y el melón.  Cómo se dan cuenta, es un poco de cada lugar, un poco de aquí y de allá.

A veces centramos nuestros entrenamientos interculturales en aprender teorías y conocer de autores que nos han clasificado de una manera u otra. A veces nos dejamos llevar por la ilusión de pretender cambiar los seres humanos con un discurso y dejamos de lado lo simple, lo básico, como lo es el hecho que ser interculturales comienza en esa disposición misma de aceptar y reconocer.

Aceptar que somos diferentes. Reconocer que pensamos y actuamos diferente a partir del entorno que nos rodea, y de lo que nos ha sido heredado — valores, creencias, etc. Al aceptar y reconocer, se nos hacen fácilmente evidentes también los dilemas a los que nos enfrentamos en medio de las diferencias y que ponen a prueba nuestras habilidades a nivel interpersonal, empresarial y social. Al poner nuestras habilidades a favor de nuestra interacción con nuestro entorno – corporativo, social – podremos construir enlaces y puentes de entendimiento que nos permitan entonces entendernos a nosotros mismos y de esta manera entender a los demás.

Gracias gringo chévere, por permitirme trabajar contigo y aprender tantas cosas a la vez. Gracias por compartir tus aventuras en cada rincón del planeta y tus experiencias laborales y de vida con gente tan diversa. Gracias por permitirme presentarte un poco de mi país, de lo que somos y lo que brindamos.

Gracias y ¡hasta pronto señor!

With the permission of our gringo readers, I’d like to dedicate this space to one in particular. I’d like to talk about a cool gringo I had the opportunity to work with on an investment project in Colombia. And I’d like to emphasize that this cool gringo does not consider the term offensive in any way.

In my country a gringo is an outsider who talks weird. It doesn’t matter if he’s Swedish, German, Italian, English or Dutch. Someone who is blonde or has a lighter complexion than our average is gringo. We don’t say it to offend, but rather because that term has entered our collective imagination as a synonym for “not from here.”

The cool gringo of whom I’m writing lived 21 years outside his country, in South Africa, Bahrain, France, the UK and China. He’s been around the world more than six times, and while he’s always worked in the financial sector, he has been able to work in different industries that have provided him a vast knowledge of diverse subjects. To spend time with him is extremely enriching. He possesses a great ability to put things in cultural context, and is almost always able to identify how the other person thinks.

I have always said that he is by far the most intercultural of the US Americans I’ve worked with. He has a global mind and a professional career that have permitted him to ascertain which management tools permit effective leadership only when used with cultural appropriateness. Customer satisfaction and employee motivation are directly impacted by their expectations and needs; we don’t all need the same thing. When he shares his experiences I’m transported to many scenes in different latitudes, and he is able to describe diverse people and environments without falling into stereotypes or prejudices. Some situations are of course more appealing than others, as it depends on our interaction in each environment. Some situations are simply more favorable.

To work with this gringo is challenging. I admire his abilities and his knowledge in the area of finance, but he knows that what I most admire is his great capacity to understand others, to look for similarities and not differences, to focus on how to integrate the parties involved in a negotiation and watch the context with intercultural eyes. He is a great mediator and excellent negotiator.

He achieved the “cool” title because he is always ready to learn, not to critique but to ask, analyze, and compare. This gringo gives due importance to the understanding of place, culture, and people. He’s the type that, closing a negotiation in the Middle East, had to eat camel’s eyes. Here in Colombia he tried obleas (wafers), almojábanas (crullers), and was delighted with pitahayas (dragon fruit), even going so far as to try to find some where he lives. He finally found them in a Chinese market, but found they tasted very different from the Colombian variety, so he decided to eat them with salt! I’ve never eaten dragon fruit with salt; here they are very sweet. But there’s something about interculturalism. This gringo is from the southern US, where he says they eat watermelon and cantaloupe with salt. As you’ve no doubt noticed, he is a bit of every place he has lived, a bit from here and a bit from there.

At times we focused our intercultural training on learning theory and getting to know authors who have classified us in one manner or another. Sometimes we got carried away with the illusion of trying to change human beings via our conversation, ignoring the basic, simple fact that intercultural beings begin with a predisposition to acceptance and acknowledgement.

To accept that we are different. To acknowledge that we think and act differently depending on the context and on what we’ve inherited — values, beliefs, etc. Accepting and acknowledging make readily apparent the dilemmas we face in the midst of our differences, those that challenge our skills on interpersonal, organizational and social levels. By behaving appropriately to the corporate or social situation we can build links and bridges of understanding that then permit us to understand ourselves and, in this way, to better understand others.

Thank you, cool gringo, for enabling me to work with you and to learn so many things at once. Thank you for sharing your adventures in each corner of our planet, your work and life experiences with such diverse people. Thank you for giving me the opportunity to explain a bit about my country, about who we are, about what we provide.

Thanks, and see you soon, sir!

3 thoughts on “Un Gringo Chévere! A Cool Gringo!

  1. Pingback: Un gringo chévere | vivaSmart

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