Estereotipos: entre el bien y el mal


(English follows Spanish)
La subjetividad es tan inherente al ser humano como lo son sus propias emociones. En el alma mezclamos de manera inseparable la voluntad, el intelecto y la emoción; y según cada una de estas “sea alimentada” podremos actuar de una manera u otra. De hecho es por esto tan famosa la llamada Inteligencia Emocional, que no es otra cosa que alimentar el intelecto y la voluntad para controlar las emociones (y que Daniel Goleman me perdone por hacerlo parecer tan simple).

Por nuestro lado, y digo nuestro porque aquí es lo que nos reune, la Inteligencia Cultural (CQ) busca entonces alimentar “el conocimiento” , la “aprehención mental de las diferencias” y modelar el “comportamiento” entre las culturas.  Obviamente el comportamiento se nutre de nuestras emociones y por ende de alguna manera querámoslo o no se relaciona con nuestra subjetividad.

Sin embargo, como si fuera parte de un círculo vicioso nuestra subjetividad cambia según alimentemos el conocimiento y nos dispongamos a aprender y aprehender. Sí hay que conocer y disponerse a conocer, además de buscar fuentes de información diversas… variadas y paradójicamente, objetivas.

Los estereotipos sin duda alguna son uno de los principales desafíos en nuestra interacción intercultural. Para algunos es el bien… la bendición y el llevar consigo ese pre-juicio (pre: adelantado…inferido…establecido… no cuestionado) que les abre puertas y que les da acceso a una serie de oportunidades negadas para otros.

Ejemplos de esto hay muchos. Podríamos comenzar por las diferencias de género y por ende los pre-juicios alrededor de hombres y mujeres para el desempeño de oficios y responsabilidades. Aún es una realidad latente que hombres y mujeres no recibimos la misma remuneración al realizar/ejecutar la misma tarea y ocupando la misma posición.

Nelson Mandela es tristemente célebre por luchar contra el Apartheid y entregar su vida por demostrar que el color de la piel no interfiere con lo que somos o podemos ofrecer. Los prejuicios sociales se dramatizan entre el amarillismo y el realismo trágico en miles de tragicomedias y novelas reflejando una sociedad estereotipada.  No hay que dar muchos detalles de lo que significa tener un nombre de ascendencia árabe y musulmán en los Estados Unidos luego del 9/11.

Y así hay otras tantas, como la que vivo cuando me discriminan por el lugar donde nací. Entonces los estereotipos se convierten en una especie de estigma, de etiqueta, de prejuicio sin sentido y sin razón. Aunque parezca irreal cuando vivía en Londres a una compañera del college le prohibieron hablar conmigo “peligro es colombiana” y en 1998 buscando un lugar para vivir, llegué a uno de los suburbios a una casa donde lo primero que me dijeron: es usted familiar de Pablo Escobar?

Al final no importa lo bueno que cualquiera nacido en este país pueda tener. Lo malo es la nube negra que nos acompaña, nos limita, nos cierra puertas y lo peor, muchas veces tristemente habla por nosotros y enmudece nuestra voz.

Hay problemas, tal vez más que en otras latitudes… tal vez menos y más publicitadas. Los estereotipos se vuelven peligrosamente en contra de todos, y nos llevan al facilismo de generalizar y el derecho sesgado del absolutismo puro. TODOS los nacidos son, o TODOS los hombres, TODOS los musulmanes, TODOS…. y no! No todos ni todas somos iguales, si bien es cierto tenemos rasgos y características compartidas, el absolutismo es negarnos la posibilidad de nuestro valor como individuos… lo que somos más allá de lo que otros dicen que somos o debemos ser.

(English translation by Dianne Hofner Saphiere)

Stereotypes: Between Good and Evil

Subjectivity is as inherent to humans as are our emotions. In our souls we inextricably mix intellect and emotion, and we behave in one way or another depending on which one we feed. That which is famously called “Emotional Intelligence” (EQ) is, in truth, nothing more than feeding the intellect and controlling emotions (forgive me, Daniel Goleman, for making it seem so simple).

In our field, and I say “our” because it is what brings us together, Cultural Intelligence (CQ) seeks to feed “knowledge,” “mental appreciation of differences,” and to model “behavior” across cultures. Obviously behavior is influenced by our emotions and therefore, like it or not, it relates to our subjectivity.

However, as if it were part of a vicious cycle, our subjectivity changes according to how we nourish knowledge, and we can become better able to learn and comprehend. Yes, it’s necessary to know and to be ready to learn, to search for diverse sources of information — varied and, paradoxically, objective.

Stereotypes without any doubt are one of the major challenges in intercultural interaction. For some it’s the good; the blessing to take with them prejudice (established assumptions and inferences that are not questioned) that opens doors and gives them access to a series of opportunities denied to others.

There are many examples of this. We could start with gender differences and the prejudices surrounding men and women’s abilities to perform jobs and responsibilities. We live with the reality that men and women still do not receive equal pay for equal work or when occupying the same position.

Nelson Mandela is sadly famous for fighting Apartheid and devoting his life to demonstrating that the color of one’s skin does not interfere with who we are or what we have to offer. Social prejudices are dramatized between sensationalism and tragic realism in thousands of tragi-comedies and novels representing a stereotyped society. There is little need to give details surrounding what it means to be a Muslim man of Arab descent in the USA after 9/11.

And there are many more, like those I live with when people discriminate against me due to where I was born. The stereotypes become a type of stigma, a label, of mindless and irrational prejudice. Although it seems surreal, when I lived in London a college friend was prohibited from talking with me because I was “the Colombian danger,” and in 1998 when I was looking for a place to live, I arrived at a suburban house where the first thing they asked me was, “Are you related to Pablo Escobar?”

In the end, it doesn’t matter how good anyone born in this country might be. The evil is the black cloud that accompanies us, limits us, closes doors for us, and worse, that many times sadly speaks for us and mutes our voice.

We in Colombia have problems, perhaps more than in other locations; perhaps fewer but more publicized. Stereotypes come dangerously back against all of us, and they easily take us to generalizations and pure, biased absolutism. ALL OF US are born, ALL OF US are human, ALL OF US are Muslim, ALL … and not!

Not all of us are equal, even though we may share certain traits and characteristics. Absolutism negates the possibility of our value as individuals — it negates who we are, beyond that which others say we are or should be.

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