El candidato ideal


(English follows the Spanish)

En un mundo cada vez más interconectado y globalizado, las asignaciones internacionales suelen ser más frecuentes para empleados de empresas multinacionales. Dado lo anterior las empresas han dispuesto de grandes esfuerzos y recursos para optimizar su selección del candidato ideal para las vacantes que surjan y poder iniciar el proceso de expatriación (traslado laboral a otro país con beneficios para el empleado y su familia).

Los llamados departamentos de personal o recursos humanos han alineado sus procesos de reclutamiento y selección con el fin de optimizar la búsqueda y el tan ahnelado hallazgo de quien cumple con los requisitos del cargo y adicionalmente sea capaz adaptarse a un entorno que puede ser similar y muy distante del actual.

A priori se consideran el dominio de los idiomas o experiencias previas en otros países y culturas, lo que podríamos denominar un bagaje intercultural. Sin embargo esto no siempre resulta, ni para la empresa ni para el expatriado.

Conozco dos casos contrastantes de primera mano. Los dos llegaron aquí a Bogotá, de dos países diferentes y para dos asignaciones igualmente diferentes.

El primero venía de Europa, de uno de esos países con cultura monosincrónica, bastante rígido con el tiempo y de los que la puntualidad es un tema que no tiene discusión. Había vivido en Estados Unidos y varios lugares de Europa, incluyendo España por lo cual domina el castellano (con el ceceo que decimos los latinos, yo digo que los españoles hablan siempre con ortografía), soltero, sin hijos y sin pareja. Cambiaba de industria, pero su trabajo vincularía a partir del área comercial su país natal y Colombia como puerta de entrada a América Latina. Llegó con lo que los locales consideramos un muy buen salario, un apartamento en una zona lujosa de la ciudad (cerca a su nueva oficina) y todo el apoyo de su empresa para comenzar una nueva sucursal en mi país. Su tiempo estimado de dos a tres años inicialmente.

Por otro lado, tenemos a un hombre que venía de Israel sin hablar una sílaba de español, casado (llegó con dos hijos, hoy ya tiene tres ) quien vino por una asignación puntual de seis meses. Llegó solo y solamente a dirigir un proyecto de infraestructura en la ciudad. Se enfrentó a dirigir cien operarios y, si podemos decir, a golpes comprender por qué la cerveza es parte del presupuesto de muchas familias de estos empleados a su cargo. Tuvo que lidiar temas familiares, de rendimiento del trabajo individual y de grupo. Aprendió de primera fuente cómo era la contratación pública en Colombia.

Dos escenarios totalmente opuestos y con resultados igualmente contrastantes.

El primero a pesar de su buena voluntad, su dominio del idioma… no logró adaptarse a nuestro entorno, cultura e impuntualidad. Cuando hablaba con él recordaba mi propia vivencia cuando en el Caribe me era tan complicado sentirme fluir. Tuve amigos, pasé momentos muy especiales… pero siempre había algo que me decía, no es tu lugar. En fin, así le pasó a este ejecutivo que no completó el primer año de contrato y se regresó a su país. La última vez que nos comunicamos estaba de paso en Singapur, volvió a su anterior industria y por Facebook me entero de sus movimientos alrededor del planeta (Australia, Alemania, Francia, Estados Unidos…) no ha regresado a Colombia, espero que nos podamos volver a encontrar y disfrutar una buena copa juntos.

El segundo ya habla muy bien español, lleva siete años en el país y ahora ha fundado su propia empresa con talento en un 90% colombiano. Su familia vive con él, y su hijo menor nació aquí. A pesar de tantas diferencias entre su cultura y la nuestra, aprendió a nadar en nuestro rio y podría afirmar que se mueve como pez en el agua. Se proyecta como representante de varias empresas de su país en América Latina, y como dijo uno de nuestros políticos alguna vez… es como si dijera “aquí estoy y aquí me quedo”.

A primera vista el primero de los candidatos se perfilaba como el candidato ideal para quedarse (conozco por cierto muchos solteros que llegan, se casan y se quedan en mi país gracias a la buena fama de las mujeres), pero no fue así y el que parecía que no se quedaría más allá de su asignación regresó a su país por su familia para traerla consigo y quedarse indefinidamente.

No dudo que los departamentos de personal o recursos humanos asociados a cada uno de estos casos y sus esferzos de “relocation” fueron minuciosos, estudiados y abordados con profunda seriedad y profesionalismo. Pienso que a veces, el paso adicional nos corresponde a los que aplicamos y ser muy honestos con nosotros mismos y en la evaluación previa de las nuevas condiciones de vida.

Nuestro desafío desde el punto de vista intercultural es brindar las herramientas adicionales que permitan tomar la decisión más acertada según las condiciones disponibles y hacer el acompañamiento de entrenamiento para su nuevo destino desde el punto de vista de la vida diaria, cultura de negocios, la vida para el empleado y su familia, entre muchos otros.

Debemos entender que no es ni bueno ni malo sentirnos o no a gusto en otro lugar (país, región, entorno). Sin embargo sí debemos conocer lo que más nos impacta (a nosotros y cuando aplique nuestras familias) y por ende identificar en qué lugar nos podemos trasladar para cumplir con el trabajo y además llevar una vida a gusto con nuestra familia.

The Ideal Candidate

By Maryori Vivas, translated by Dianne Hofner Saphiere

In a world that is increasingly interconnected and globalized, international assignments seem ever more frequent for employees of multinational companies. Given the above, firms have invested great efforts and resources to optimize their selection of ideal candidates to fill job vacancies and to be able to initiate the expatriation process (job transfer to another country with benefits for the employee and family).

Personnel and human resource departments have aligned their recruitment and selection processes to optimize the search for those who meet the requirements of the position and who are also capable of adapting to an environment that can be at the same time very similar and very different from their home environment.

It’s considered logical that a successful candidate would have mastery of the new language or previous experience living abroad, but that is not always the case.

I have firsthand knowledge of two contrasting cases. Both transferees arrived here in Bogotá from different countries and for two very different job assignments.

The first person came from Europe, from one of those countries with a monochronic culture, fairly rigid about time, with the belief that punctuality is not a matter for debate. He had lived in North America and various places around Europe, including Spain, and for that reason spoke Castilian well (with the lisp about which Latinos say, “Spaniards always speak with good spelling”). He was single, had no children and no partner. He had changed industries, and his new job involved commercially linking his birth country with Colombia as a gateway to Latin America. The position came with what locals would consider a very good salary, an apartment in an upscale area of the city (near his new office), and the full support of the company to start a new branch in my country. His assignment was estimated to be two to three years, initially.

The contrasting case was a man from Israel, who arrived without speaking even a syllable of Spanish, married (when he arrived he had two children, and today has three), who came for a short-term, six-month assignment. He arrived alone with the single objective of directing an infrastructure project in the city. He needed to manage one hundred operators and, if I might say so, via the school of hard knocks he learned to understand why beer is part of the family budgets of so many of those he supervised. He was thrown into managing employee family issues, individual performance issues, as well as group dynamics. He learned firsthand about public contracting in Colombia.

These were two scenarios that were totally opposite and with results that were equally different.

The first gentleman, despite his goodwill and language skills, failed to adapt himself to our environment, the culture and the tardiness. When I spoke with him I was reminded of my own experience living in the Caribbean, where I found it so complicated to get in the flow of things. I had friends, I had some very special moments, but always there was something telling me, “this is not your place.” In the end, what happened is that this executive returned home before even completing the first year of his multi-year contract. The last time I was in touch with him he was passing through Singapore. He had returned to the previous industry in which he had worked, and I found out via Facebook about his travels all over the world (Australia, Germany, France, USA). He has not returned to Colombia, though I hope we can meet up again some day and enjoy a good drink together.

The second gentleman now speaks Spanish very well. He has spent seven years in country and has now founded his own company with 90% Colombian talent. His family lives with him, and his youngest son was born here. Despite so many differences between his culture and ours, he learned to swim in our river and I can affirm that he moves here like a fish in water. He acts as a Latin American representative for several companies from his country, and as one of our politicians once said, it’s as if he said, “I am here and here I’ll remain.”

At initial glance the first candidate seemed to have the ideal profile for a long-term stay (I definitely know many bachelors who arrive, marry and stay in my country thanks to the good fame of our women), but it was not to be. The one who it would have seemed would not remain beyond a short initial assignment ended up returning to his country to collect his family and bring them back with him to stay here indefinitely.

I have no doubt that the personnel and human resource departments associated with each of these cases engaged in thorough and studied relocation efforts, discussing them with deep seriousness and professionalism. I think that at times, however, the extra step needed is for those of us who apply for overseas assignment to be very honest with ourselves about our life conditions, needs and desires.

Our challenge from an intercultural perspective is to provide additional tools that allow people to make the right decisions according to current realities, and to accompany that with training on daily life, business culture, and personal and social life for the employee and family in the new destination.

We must understand that feeling at home or not in another place (country, region, environment) is not in and of itself good or bad. The key is that we need to know ourselves and our families, what most affects us, and thus be able to discern where we can move in order to conduct our work and maintain a comfortable life with our families.

 

2 thoughts on “El candidato ideal

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